
Pepa
Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)
Si hay una mujer que sabe lo que es estar al borde de un ataque de nervios, esa es Pepa Marcos. Actriz de doblaje, experta en dramatizar (y con razón) y con una vida amorosa digna de telenovela. Pasa de la calma a la tormenta en un abrir y cerrar de ojos.
Su problema: un hombre.
Su solución: una búsqueda frenética que incluye un gazpacho con somníferos, una cabina telefónica en llamas, un posible ataque terrorista y una azotea en donde todo se sale de control.

En Mujeres al borde de un ataque de nervios, Pepa, interpretada por Carmen Maura, es una mujer que se enfrenta en muy poco tiempo a una serie de situaciones que la llevan al extremo de la histeria. En tan solo dos horas, Almodóvar logra representar varias facetas de la experiencia femenina. La representación de Pepa no es sólo un enredo de comedia, sino también una crítica social hacia los cambiantes roles de género durante una España que se liberaba del franquismo.
Pepa, al igual que la mayoría de mujeres en esta película, tiene una forma de vivir sus sentimientos de forma muy expresiva, casi histérica, que llega al punto de la comedia. A Pepa le pasa de todo. Acaba de descubrir que está embarazada de su amante, Iván, quién ya no está enamorado de ella y se irá a Estocolmo con su nueva novia. A su vez, su amiga Candela (María Barranco) ha sido engañada por un hombre del que se había enamorado, que era realmente un terrorista chiíta que preparaba un atentado en el aeropuerto de Barajas. A través de Pepa, Almodóvar presenta a una mujer que trata de hacer frente a una vida que parece escapársele de las manos. Sin embargo, al momento que aumenta el nerviosismo, también lo hace la sensatez. Pepa es retratada como una mujer decidida a buscar la estabilidad y el control, aunque a menudo, de forma cómica y exagerada.
Pepa es una de esas mujeres que aunque se desmoronen, nunca pierden su escencia. Va de la desesperación a a la autosuficiencia en menos de lo que tardas en decir gazpacho. Demostrando que al final, no necesita ni a Iván ni a ningún hombre que la mantenga cuerda.









